jueves, 18 de enero de 2018

Domingo III del Tiempo Ordinario (B)



21-I-2018                               DOMINGO III TIEMPO ORDINARIO (B)
Homilía de audio.  (Está mal nombrado. Es del domingo III)
Queridos hermanos:
- En esta semana celebramos la oración por la unión de todos los cristianos. Y es que los seguidores de Cristo estamos divididos entre nosotros. A grandes rasgos se puede decir que hasta el siglo XI había una única Iglesia de Jesucristo. A partir de este siglo se separaron los cristianos del Oriente y formaron la Iglesia Ortodoxa. Ésta se diferencia de nosotros, los católicos, en algunas cosas: su Misa, el modo de hacerla y celebrarla, es distinta de la nuestra; los sacerdotes se pueden casar: pero la diferencia fundamental es que no aceptan el Papa de Roma como pastor de la Iglesia universal. Para ellos el Papa de Roma tiene únicamente una misión honorífica, pero sin gobierno efectivo en el resto de diócesis o de iglesias dispersas por el mundo. Durante estos siglos hemos intentado unirnos y, de hecho, algunas partes de la Iglesia Ortodoxa se han unido a nosotros, los católicos. Son los llamados ‘Uniatas’. La Iglesia Católica está muy próxima la Iglesia Ortodoxa.
El verano pasado en Tapia de Casariego tuvimos una ceremonia de boda, el sacramento del matrimonio, entre un varón católico (español) y una mujer ortodoxa (ucraniana). Ella quería celebrar el rito del matrimonio según la Iglesia Católica, pero también deseaba confesarse y comulgar en la Misa de su boda. Así lo hizo, tanto lo uno como lo otro, ya que los sacramentos que se celebran entre los ortodoxos son reconocidos como válidos por nosotros y al revés. Por lo tanto, un católico puede confesarse y comulgar de mano de un ministro ortodoxo, y un ortodoxo puede confesarse y comulgar de mano de un ministro católico.
            En el siglo XVI se separaron de la Iglesia Católica los protestantes. Con ellos las diferencias son más importantes que con los ortodoxos: los cristianos protestantes no aceptan algunos sacramentos (básicamente sólo aceptan el Bautismo y la Eucaristía, aunque este último de forma diversa a nosotros), no aceptan a María como Madre de Dios, ni el que los santos que están en el cielo puedan interceder por nosotros, ni al Papa… Además, hay otra dificultad con los protestantes, y es que hay gran multitud de grupos en ellos, ya que se fueron dividiendo entre sí: luteranos, evangelistas, calvinistas, anglicanos, mormones, cuáqueros, puritanos, baptistas, etc.
            En esta semana de oración por la unidad de todos los que creemos en Jesús, Cristo y la Iglesia nos piden que nos unamos para dar un mensaje de unidad a este mundo tan dividido. En un país de misión (en África o en Asia), cuando se presentan las distintas iglesias predicando a Jesucristo, los oyentes no quieren aceptar una Iglesia dividida, un Cristo divido, y es que no hay un auténtico testimonio de amor y de unidad entre nosotros. Por eso vamos a orar en el día de hoy pidiendo a Dios que nos dé la ansiada unidad. Sí, también en este tema los cristianos tenemos que decir: “AQUÍ ESTOY, SEÑOR, PARA HACER TU VOLUNTAD”.
            - El domingo anterior reflexionábamos sobre el evangelio y decíamos que Juan, Andrés, Pedro, Samuel estaban en una actitud de búsqueda en su vida diaria. Por eso, estas personas fueron capaces de escuchar a Dios, de descubrir a Dios, de seguir a Dios.
            En el evangelio de hoy se sigue profundizando en las mismas ideas, pero ya se dan nuevos pasos. En efecto, una persona que está en una actitud de búsqueda ante la vida, una persona que es sensible a la voz de Dios puede realizar lo que hoy Jesús nos muestra en el evangelio:
            En primer lugar, Jesús pide lo siguiente: convertíos y creed en el Evangelio. Quienes no creen en el evangelio de Jesucristo (en sus enseñanzas, en Dios como Padre, en el perdón, en la necesidad de amar y ser amados…), es que no se han convertido. Convertirse significa cambiar de forma de vida: pensar menos en uno mismo y más en Dios y en los demás; convertirse significa dejar atrás los miedos y complejos, la soberbia y el amor propio, la mentira y la cobardía; convertirse significa dejar de actuar como un hombre pecador y actuar con un hombre santo. Y Jesús nos dice que no podemos de verdad creer en su evangelio si antes no nos hemos convertido. Pero también es verdad que nadie puede convertirse si antes no está en esa actitud de búsqueda de que hablábamos el domingo pasado. Una cosa te lleva a la otra y no puedes pasar al piso tercero desde el piso bajo, si antes no has pasado por el primer piso y por el segundo piso. Es decir, ¿quieres creer en el evangelio de Jesús y quieres ser de verdad creyente en Dios? Pues empieza teniendo esa actitud de búsqueda de lo espiritual, de Dios. Pasa después a la conversión, al cambio de tu vida. Y entonces podrás creer de verdad.
            Hace poco me mandaron un mensaje desde Ribadeo y me preguntaba una persona: ‘¿Puede alguien que ha tenido siempre mucha fe, después de un tiempo dejar de tenerla?’ Hablaba de un caso concreto. Respuesta: ‘Sí. Y en muchas ocasiones esa se fe se pierde, porque nunca ha estado bien asentada, porque no ha habido una auténtica actitud de búsqueda de Dios y de su voluntad, porque no ha habido una auténtica conversión de vida, porque sólo ha habido una creencia superficial en Dios y una práctica rutinaria de ritos y ceremonias. Por eso, ante cualquier dificultad, como no está bien construido el edificio de la fe, se pierde ésta’.
            En segundo lugar, Jesús pide a quien tiene esta actitud de búsqueda en la vida, a quien camina en la conversión y en la creencia en el evangelio, le pide: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres. Y es que, si tú tienes una actitud de búsqueda en la vida, querrás que otros también la tengan y trabajarás por ello. Si tú estás en camino de conversión, te esforzarás porque otros también inicien ese camino de conversión. Si tú crees en el evangelio de Jesús y te hace feliz, querrás y te esforzarás porque otros también crean en ese mismo evangelio y sean felices para siempre. Esto es ser pescadores de hombres y esto es, en verdad, seguir a Jesús.