jueves, 3 de agosto de 2017

Domingo XVIII del Tiempo Ordinario (A)



6-VIII-2017                           DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO (A)

Homilía en vídeo
Homilía de audio.
Queridos hermanos:
Os recuerdo que el texto de san Pablo a los Corintios dice así: “El amor es paciente, es servicial; el amor no tiene envidia, no hace alarde, no es arrogante, no obra con dureza, no busca su propio interés, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1ª Co 13,4-7).
3.- Sanando la envidia.
“En el amor no hay lugar para sentir malestar por el bien de otro. La envidia es una tristeza por el bien ajeno, que muestra que no nos interesa la felicidad de los demás, ya que estamos exclusivamente concentrados en el propio bienestar. Mientras el amor nos hace salir de nosotros mismos, la envidia nos lleva a centrarnos en el propio yo. El verdadero amor valora los logros ajenos, no los siente como una amenaza, y se libera del sabor amargo de la envidia. Acepta que cada uno tiene dones diferentes y distintos caminos en la vida. Entonces, procura descubrir su propio camino para ser feliz, dejando que los demás encuentren el suyo” (n. 95).
4.- No hace alarde ni es arrogante.
Hacer alarde “indica la vanagloria, el ansia de mostrarse como superior para impresionar a otros con una actitud pedante y algo agresiva. Quien ama, no sólo evita hablar demasiado de sí mismo, sino que además, porque está centrado en los demás, sabe ubicarse en su lugar sin pretender ser el centro” (n. 97). Tampoco el verdadero amor es arrogante. “Literalmente expresa que (el que ama) no se ‘agranda’ ante los demás, e indica algo más sutil. No es sólo una obsesión por mostrar las propias cualidades, sino que además se pierde el sentido de la realidad. Se considera más grande de lo que es, porque se cree más ‘espiritual’ o ‘sabio’ […] Es decir, algunos se creen grandes porque saben más que los demás, y se dedican a exigirles y a controlarlos, cuando en realidad lo que nos hace grandes es el amor que comprende, cuida, protege al débil” (n. 97). “A veces ocurre lo contrario: los supuestamente más adelantados dentro de su familia, se vuelven arrogantes e insoportables. La actitud de humildad aparece aquí como algo que es parte del amor, porque para poder comprender, disculpar o servir a los demás de corazón, es indispensable sanar el orgullo y cultivar la humildad […] En la vida familiar no puede reinar la lógica del dominio de unos sobre otros, o la competición para ver quién es más inteligente o poderoso, porque esa lógica acaba con el amor” (n. 98).
5.- Amabilidad (no obra con dureza).
“El amor no obra con rudeza, no actúa de modo descortés, no es duro en el trato. Sus modos, sus palabras, sus gestos, son agradables y no ásperos ni rígidos. Detesta hacer sufrir a los demás […] Ser amable no es un estilo que un cristiano puede elegir o rechazar […] El amor, cuando es más íntimo y profundo, tanto más exige el (1) respeto de la libertad y la (2) capacidad de esperar que el otro abra la puerta de su corazón” (n. 99). La amabilidad en el amor “no es posible cuando reina un pesimismo que destaca defectos y errores ajenos, quizás para compensar los propios complejos. Una (3) mirada amable permite que no nos detengamos tanto en sus límites, y así podamos tolerarlo y unirnos en un proyecto común, aunque seamos diferentes [….] Una persona antisocial cree que los demás existen para satisfacer sus necesidades, y que, cuando lo hacen, sólo cumplen con su deber. Por lo tanto, no hay lugar para la amabilidad del amor y su lenguaje. El que ama es capaz de decir (4) palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan. Veamos, por ejemplo, algunas palabras que decía Jesús a las personas: ‘¡Ánimo hijo!’ (Mt 9,2). ‘¡Qué grande es tu fe!’ (Mt 15,28). ‘¡Levántate!’ (Mc 5,41). ‘Vete en paz’ (Lc 7,50). ‘No tengáis miedo’ (Mt 14,27). No son palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian. En la familia hay que aprender este lenguaje amable de Jesús” (n. 100).
6.- No busca su propio interés.
“Santo Tomás de Aquino ha explicado que ‘pertenece más a la caridad querer amar que querer ser amado’” (n. 102).

2 comentarios:

Ana dijo...

Buenos días ! Como nos tienes acostumbrados tu palabra nos cala muy profundo .... se ha perdido tanto la amabilidad el ser cortés ... sabes mi abuela siempre me decía .. si tienes malos modos ...malas contestaciones y no eres amable es que te has alejado de Jesus. ,.cuanta razón tenía ... que falta le hace al mundo escuchar y sentir tu homilia ...
Gracias me acompañara en estos días ! Tengan todos ya lindo día .

Feli dijo...

Preciosa homilía Padre,y es que a mí hablar del amor,mejor dicho dar amor a los demás es algo tan importante que para los cristianos tiene que ser primordial,Cristianos seguidores de cristo,y Cristo es amor.Con el amor viene la caridad,la amabilidad,la dulzura, la preocupación por los más débiles,débiles en la soledad,en la enfermedad,en la pobreza.Jesús no humillaba,al contrario,siempre tenía palabras de aliento,levántate,no tengas miedo,que grande es tu fe,vete en paz,y sobre todo el amor que sentía y siempre los tenía en su boca,a los pobres,marginados,a los que nadie miraba, Él lo hacía. Siendo hijo de Dios,Rey de Reyes,lo más importante de todos y de todo.Jesús,cuanto te admiro,y te quiero. ya sabes que soy débil. Demos amor, luchemos por la justicia de quién no la tiene, y llevemos la sonrisa a quién no la tiene. Y vamos a saber que Jesús nos quiere,porque nuestro corazón nos lo dirá.Un abrazo y que Dios nos bendiga.